Amarga sensación

Adriana, así le vamos a llamar a mi nueva amiga mexicana-argentina, nos contaba de las experiencias de los mexicanos en Argentina, de cómo intentaban adaptarse a ciertas costumbres, muy, pero muy argentinas, como es el tomar mate.  Yo lo probé en mi viaje a Buenos Aires y definitivamente no es algo para mí, lo amargo no me gusta ni un poco, pero ella me contaba que muchos mexicanos lo adoptaron y que se convierte casi en una adicción, tanta como al café.  Además, me contó, estaba la aventura del lenguaje, y digo aventura porque es increíble que hablemos el mismo idioma y no nos entendamos.  Ella decía boiler y el plomero no entendía que era un simple “calefón”, y cuando pedía una pluma, le contestaban “no soy paloma”.  Pobre! Al principio la pasaba un poco mal pero se fue adaptando.  Nos comentaba que las parejas más recientes se entendían mejor porque la mayoría empezaron por internet, entonces el intercambio inicial te expone menos y llegas más preparada (a) a destino. Recuerdo en esas vacaciones en Madrid cuando conocí a mi esposo, cuando intenté tomar mi “camión”, en la parada me dijeron que ahí no eran animales, que ahí se tomaba el autobús!

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